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Cultura, arte e historia

La Cruz de Ferro y Manjarín, dos puntos emblemáticos en el Camino

Radio Camino de Santiago 20 septiembre, 2021


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La Cruz de Ferro y Manjarín, dos puntos emblemáticos en el Camino: Tienen razón quienes aconsejan empezar la etapa en Rabanal, como señala el Códice Calixtino, y no en Astorga. El motivo es la conveniencia de estar descansados para la subida a la cima del monte Irago, que se encuentra a una distancia de ocho kilómetros de donde habíamos pasado la noche.

Ascendimos por la calzada de tierra y piedras, flanqueada por matas de brezo. El colorido de sus flores en primavera es un deleite para los peregrinos. No es de extrañar que la miel de esa zona tenga fama de ser exquisita.

Dejamos atrás Foncebadón, el último pueblo de La Maragatería, que lleva en sus ruinas la marca indeleble del paso del tiempo. Lejos quedaban aquellos días del siglo X cuando el obispo Gaucelmo fundó un albergue y un hospital de peregrinos; hasta un concilio se celebró en ese humilde lugar. Nadie lo diría viendo sus edificaciones convertidas casi en montones de piedras.

Hicimos una parada en el local de Jesús, un hombre amante del Camino, que nos habló de puntos energéticos, como el de su mesón, que jalona con una oca de mosaicos.
—¡La famosa Cruz de Ferro! —exclamó Enrique—. Esto anuncia que ya estamos cerca de Galicia. Ferro es hierro en la lengua de la Gallaecia.

—Me encanta este lugar —dijo Virginia mientras llenaba de aire los pulmones—. Tiene un encanto especial. Yo me quedaría aquí en el saco de dormir.

—Estamos a mil quinientos metros de altitud —dijo Sergio—. Los que padecen del corazón deben notarlo al respirar.

Nos encontrábamos en la cumbre del monte Irago, donde se ubica uno de los monumentos más emblemáticos del Camino: un mástil de madera de unos cinco metros de alto, rematado por una cruz de hierro, réplica de la original que se aloja en el Museo de los Caminos de Astorga. Cuanto más altos, más próximos al cielo; por eso los antiguos sacralizaban los montes, y donde no había hacían pirámides para estar más cerca de la Divinidad.

El origen de la Cruz de Ferro cumple con el patrón de todos los lugares con significación trascendente. Los antiguos pobladores hacían milladoiros o humilladeros, montones de guijarros para invocar a los númenes protectores de los caminos, ante los cuales se arrodillaban los que transitaban por esas sendas para pedirles protección. Se cree que los romanos tenían en ese lugar un altar dedicado a Mercurio, protector de los caminantes. Según la tradición, el obispo Gaucelmo colocó la cruz allá por el año mil y el lugar quedó cristianizado para siempre. El monumento aparece citado en una obra del siglo XVII del padre Martín Sarmiento.

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FUENTE: PERIODISTA DIGITAL

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