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Cultura, arte e historia

La Galicia encantada

Radio Camino de Santiago 4 enero, 2021


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La Galicia encantada: Los peregrinos estábamos congregados en la gran escalinata mayor de Sarria para iniciar una nueva etapa. Algunos empezaban allí el Camino y se disponían a hacer a pie los últimos cien kilómetros exigidos para recibir la Compostela. Hay que ir a pie o a caballo, y justificar con los sellos los lugares donde se ha pernoctado. A los bicigrinos, como se les llama a los viajeros en bicicleta, se les exige pedalear doscientos kilómetros. Marta y

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Juan habían prometido caminar desde Sarria y también se preparaban para cumplir con el ritual. Yo nunca había llegado a creerlo del todo; por eso me llevé una sorpresa cuando por la mañana temprano los vi preparados con sus mochilas y bordones. Estábamos todos, excepto Sergio y Teresa. Íbamos contentos porque, muy pronto, avistaríamos el Pico Sacro, la montaña sagrada llena de misterios, próxima a Santiago.

A mí me parecía que se notaba que veníamos de lejos, que éramos peregrinos curtidos con muchos kilómetros encima, los veteranos de la Ruta de las Estrellas. Cuando decíamos que habíamos empezado el Camino en Roncesvalles lo hacíamos con orgullo, conscientes de que era el sueño de muchos romeros.

—¿No tenéis la sensación de que llevamos mucho más tiempo en el Camino? —preguntó Pilar—. A mí me parece que hace un año que estoy fuera de casa. Las últimas etapas se me hacen ya algo duras.

—A mí me ocurre lo contrario —contestó Virginia—. Se me ha ido el tiempo volando.

—Pues yo me volvería a Roncesvalles al día siguiente de llegar —dije— y empezaría otra vez. Visitaría lugares por los que pasamos de largo por falta de tiempo… Creo que lo aprovecharía más.

—¿Y lo harías con Sergio o sin él? —preguntó Pilar.

La Galicia encantada…Sabía por qué Pilar me hacía esa pregunta. Le había dicho a Teresa que en sus sueños nos veía separados a Sergio y a mí, pero que volvíamos antes de acabar el verano. Aunque Teresa siempre se lo había negado, creo que el fin de su pregunta era para corroborar sus visiones. Para fastidiarla un poco y que no se tuviera tan creído su don de videncia le dije:

—Por supuesto, con Sergio. Siempre con Sergio. No iría a ningún lado sin él.

Me reí para mis adentros. Había conseguido desorientarla. Seguro que tan pronto tuviera oportunidad consultaría sus cartas para conocer la situación. No era muy honrado utilizar un don regalado para husmear en la vida de la gente, y mucho menos de las amigas, pero Pilar tenía sus cosillas y había que aceptarla con sus defectos y virtudes.

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FUENTE: PERIODISTA DIGITAL

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